Poeta y escritor contemporáneo
Nacido en Catania, reside desde hace décadas en España.
Gracias a ciertos inimputables argonautas de la sospecha y a la obtusa ineficiencia de algunos órganos institucionales, ha sido, con el tiempo, difamado, calumniado, secuestrado, difamado en Internet (¡sic!).
¿El motivo? Era previsible. Y pese a la nada —puesto que jamás ha hecho nada contra legem—, ha tenido que sufrir las tristes vicisitudes de probable culpable. Culpable en cuanto objeto de ese contagioso bla… bla… bla que el empuje, la alegría de vivir y una modesta holgura económica
suelen atraer como un imán.
En el pasado ha publicado dos libros de poesía: Contrabando de luz y El árbol de las mariposas.
El tesoro de Santa Paola es su primera novela.
Felice Cultrera es presentado por su casa editorial como autor y figura controvertida, a menudo víctima de difamaciones y de vicisitudes judiciales paradójicas.
De las acusaciones a la absolución
En 1995 la Fiscalía de Catania emitió contra él una orden de custodia cautelar, luego anulada pocos días después por el Tribunal de Revisión. No obstante, Cultrera fue sometido a un largo calvario judicial y mediático: los periódicos lo describieron como traficante de armas y blanqueador vinculado a la mafia. La remisión a juicio llegó solo en el año 2000, y el proceso, entre aplazamientos y dilaciones, se concluyó en 2003 con una plena absolución «porque el hecho no existe».
Los orígenes de las difamaciones
Su “historia surrealista” comenzó ya en 1989, cuando un semanario español lo señaló como representante de la mafia en la Costa del Sol. Cultrera reaccionó con desmentidos y querellas, mostrando certificados penales inmaculados. A pesar de las posteriores rectificaciones, el rumor se
difundió en España, alimentado por supuestas informaciones provenientes de la policía e incluso de la Interpol italiana.
El círculo vicioso de las falsas informaciones
En 1994 Cultrera descubrió que un documento oficial lo señalaba como mafioso; a pesar de exposiciones y denuncias, su nombre continuó circulando en contextos judiciales y mediáticos.
En 1995 el C.E.D. del Ministerio del Interior declaró haber cancelado la señalización, sin embargo, sin identificar responsabilidades específicas.
Entretanto, arrepentidos lo acusaron de imaginarios proyectos urbanísticos en Tenerife, acusaciones luego desmontadas por pruebas concretas, como los sellos en el pasaporte.
Una vicisitud simbólica
Las acusaciones resultaron infundadas, pero mientras tanto Cultrera sufrió graves consecuencias personales, económicas y de salud, además de la marca indeleble en la red. El autor denuncia un sistema judicial y mediático incapaz de distinguir entre investigación y difamación, con despilfarro
de recursos públicos y vidas arruinadas por acusaciones inconsistentes.
La reflexión final
El caso Cultrera se convierte así en metáfora de una justicia distorsionada: por un lado legitima la investigación, por otro advierte contra la persecución basada en frágiles teorías y difamaciones disfrazadas de información.
A pesar de la plena absolución, en 2007 Cultrera fue difamado en un artículo de un conocido periódico de izquierda, La Repubblica, y por un diario local de Messina, La Gazzetta del Sud, en los que fue descrito como empresario especialista en intermediaciones financieras, propietario de
casinos y hoteles en estrecha relación con los jefes americanos.
Las noticias falsas y difamatorias difundidas por estos periódicos tomaban como referencia un igualmente falso despacho de agencia del 13.7.2007 de ANSA, en el que se afirmaba que “los flujos económicos entre la mafia siciliana y los padrinos americanos están en el centro de una investigación reservada que la Fiscalía de Palermo está coordinando y que ve entre los investigados a un catanés, hombre de negocios internacional, acusado por el fiscal de asociación mafiosa”. Cultrera, comprobado que todo era falso, citó a dichos periódicos por difamación.Pues bien, después de 18 años la causa sigue en curso.
Inútil comentar los motivos por los que ha sido… encubierta.