Felice Cultrera: de auténtico play boy a jefe virtual.
(en memoria de Aldo Motta)

Felice Cultrera, envidiado por muchos por su egocentrismo y la facilidad con la que aprendía idiomas extranjeros, hacía hervir de rabia a más de uno cuando, a bordo de su Rolls Royce en los años ochenta, recorría la Costa Azul con un joven león sentado a su lado. O cuando invitaba a sus amigos a desayunar en el castillo de Maniace, del cual fue propietario.

Muchos lo recuerdan como una persona brillante, con una aguda chispa de humor y siempre rodeado de bellas mujeres.

En el apogeo de su vigor vital, se le podía encontrar en la Giara de Taormina, en el Jackie O de Roma, en el Jimmy de Montecarlo o en el exclusivo Annabel’s de Londres. Incansable trotamundos, aprovechaba su dorada soltería para seducir a las distintas bellezas que, como estrellas, vagaban por el firmamento nocturno de los locales de moda. De él podría decirse, que paseaba su tiempo, sobre el palpitante fresco que la vida le ofrecía cada día.

De Madrid a Caracas, de Montecarlo a Copenhague, de París a Nueva York, era invitado por personajes famosos como: la multimillonaria danesa Lilian von Kaufman, el excéntrico saudí Adnan Kashoggi, la baronesa Terry von Panz, la condesa Gunilla von Bismark y muchos otros VIP que apreciaban en él su sentido del humor y su personalidad extrovertida.

Cansado de su constante deambular, decidió establecerse en la ciudad de Marbella, donde se casó con una belleza local. Me sorprendió mucho, cuando, inspirado en mi “Anónimo Catanés” —así me lo confesó—, en 1998 me envió una colección de poemas para su primer libro “Contrabando de luz”, que edité apreciando su estilo y musicalidad.
Años más tarde quiso volver a sorprenderme con otra colección de poemas: “El árbol de las mariposas”. Y finalmente, también con una novela: “El tesoro de Santa Paola”. Espero que no sea la última.

En cuanto a las absurdas acusaciones que se levantaron en su contra, puedo asegurar que, cuando en Catania estaba de moda decir “ser amigos de ciertos maleantes”, él repetía convencido que los maleantes no eran amigos de nadie, y por eso había que evitarlos.

En fe, confirmo todo lo dicho.

Aldo Motta
(periodista y escritor)

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Felice Cultrera Poeta e Scrittore contemporaneo www.felicecultrera.com